Déjate de rodeos, vamos al grano. Si pido, porque pido; si no muevo ni un dedo, aún seguiríamos estancados en los catorce. Debería pedirte una explicación, pero no sabrías dármela; no te angusties, sé que tu nunca preguntas porque yo tampoco tengo una respuesta. Lo único que puedo decirte es que en realidad, aunque cueste creerlo, no eres lo que busco. No te gusta el té, ni pasear, ni decir cosas bonitas. Pero te gustan mis manías, mi pelo, mis gestos... y, por el momento, es suficiente.