jueves, 12 de noviembre de 2015

Cuando te quedas.

Si me pongo a escribir podría decir que me gusta cuando apareces sin avisar, sin que nadie te espere (eso hace que el corazón me vaya a mil revoluciones), y cuando te pones tierno y tengo que sacarte las palabras con sacacorchos. Me gusta cuando me obligas a bajar la persiana para que no nos despierte el sol por la mañana y cuando te tapas hasta las orejas con el edredón. Me gusta cuando te das la vuelta y sin quererlo me abrazas y cuando te cuesta decir algo importante y te muerdes el labio inferior. Me gusta cuando frunces el ceño, y cuando me pongo tus camisetas y te gustaría echarme de casa por hacer el cuadro. Me gusta cuando entras por la puerta y te tiras en el sofá como si se acabara el mundo y cuando tocas todo y me sacas de mis casillas. Me gusta cuando me llamas sin ningún motivo y no me lo espero y me gusta cuando ríes. Tu risa me llena y me hace sonreír. Y sí, también me gusta cuando te pones serio y me pones los puntos sobre las ies, y cuando intentas que sea un poco mas correcta aun sabiendo que no lo vas a conseguir. También me gusta cuando cantas (LO ADORO), cuando no te importa recorrer media ciudad para venir a buscarme y cuando te plantas en mi casa con la cena recién comprada. Me gusta cuando confías en mi y me gusta cuando te quedas, sí, sobre todo me gusta cuando sé que no te vas a ir.

sábado, 23 de mayo de 2015

El querer es incondicional.

Hace tiempo escribí algo así como "esto va de dar todo lo que sientas para recibir todo lo que sientan por ti, y si no es lo mismo, no hay nada que hacer". Pues bien, sigo pensando exactamente lo mismo. Sigo pensando que si alguien no te aporta lo que tu consideras que debería aportarte, no puedes hacer nada, no puedes obligarle a quererte un poquito más. Pero eso no quiere decir que tu no tengas que darlo todo. A pesar de que nadie te pueda asegurar que la persona por la que moverías medio mundo vaya a devolvértelo de alguna forma, no puedes quedarte con las ganas. Quedarse con las ganas quizá sea lo peor del mundo. Además, vivir no consiste en eso, o al menos no consiste en eso para mi. La vida consiste en dar y hacer lo que sientas, sin condiciones. El querer es incondicional y, si no, ni es querer ni es nada. No podemos vivir pensando en lo que harán por nosotros, o al menos yo no puedo. No puedo vivir sin hacer lo que siento y cuando lo siento porque, en definitiva, lo único que tenemos y es real, es el momento que estamos viviendo.

Al fin y al cabo, el que no arriesga ya lo ha dado todo por perdido.