domingo, 25 de diciembre de 2011

Nunca voy a decirte lo mucho que te quiero.

Sabes de sobra que nunca he tenido pelos en la lengua para decirte lo que siento, que me da absolutamente igual el día o la hora que sea. Si te lo tengo que soltar en estas fechas, te lo suelto, perdóname por eso. No suelo ser muy impulsiva, pero hay ocasiones que requieren todo el esfuerzo del mundo, hay veces que tienes que hacer todo lo posible para conseguir lo que quieres. Yo lo he hecho. He dado el 200%, pero.. ¿sabes qué? los sentimientos no se pueden inventar, eso está claro. Y cuando no están ahí, no hay nada que hacer. 
Mi estado de ánimo nunca ha sido un problema y esta ocasión no será una excepción. Creo que estoy bien y sé que no me afectará más de lo debido. El tiempo y la distancia juegan a mi favor. Y tu también. Tu también estás de mi lado porque lo haces sencillo, intentas que el dolor sea mínimo. Tienes un don para quitarle peso a las cosas que yo hago complicadas. 
No podía haber elegido una persona mejor para enamorarme, ¡eres estupendo! Por eso sé que no vas a soltarme, que seguirás ahí por muy tonta que me ponga, por mucho que me cueste verte del mismo modo que tu me ves a mi. Pero vamos a conseguirlo, yo nunca me rindo. Y cuando abro los ojos, los abro del todo. Cuando sé que tengo que parar, paro. Y este es el momento. Es el momento de volver a poner mi vida patas arriba para que tu puedas seguir en ella sin que duela lo más mínimo. 
Como puedes comprobar, yo también soy un desastre. Suelo hacerlo todo al revés, y me doy cuenta tarde de lo que realmente ocurre. No sé si te lo he dicho alguna vez, pero me niego a que salgas completamente de mi vida. Me niego a borrarte del todo, y de hecho no lo haré. Me niego a que dentro de unos meses no podamos reirnos de todo esto mientras nos tomamos un café. Así que no te digo adiós, ni mucho menos. Te digo que nos veremos pronto, aquí o allí, eso es lo de menos; te digo que seguiremos compartiendo penas y alegrías y, sobre todo, te digo que nos reiremos como nunca al recordar cada momento. 

jueves, 22 de diciembre de 2011

No necesitas nada más.

No pretendo extenderme mucho esta noche, no considero que sea el momento para palabrería barata. La única intención de este escrito es advertir a aquellos que se den por aludidos de una cosa que considero imprescindible. Quizá sea la única que piense así pero, aunque así fuese, seguiría escribiéndolo aquí e incluso podría gritarlo si fuera preciso. 
Lo que intento decir de una manera algo tímida es que jamás te pueden faltar las ganas. No hablo de ganas de comer o de salir a correr a las ocho de la tarde; hablo de ilusión, de fuerza interior. Hablo de que no puedas evitar sonreír cada vez que alguien te habla, de que llames a todo el que puedas para intentar contagiarle lo que llevas por dentro. Es algo que no se puede fingir, que si lo tienes se nota y si no lo tienes serás invisible a los ojos del resto. Es prácticamente indescriptible. Es una presión continua en el estómago que tienes que soltar de alguna manera, pero que no sabes como. Es la inquietud constante, no poder parar ni un segundo porque necesitas salir ahí fuera. 
Lo mejor de esto es que si tienes las ganas, todo lo demás dejará de importar; puedes acabar con el mundo en una sola noche. 

lunes, 12 de diciembre de 2011

Desde que te has ido...

Hace tiempo que no escribo para ti, cariño. Hace tiempo que te dejé olvidado en un rincón para intentar seguir adelante sin ti. Hace tiempo que ya no estás aquí. Y ayer, no sé bien por qué, te recordé. Recordé que el día que nos conocimos también había luna llena. Recordé cómo la noche te volvía loco, cómo le cantabas a las estrellas que, por favor, al día siguiente no saliera el sol. Recordé tus manos sobre mi cuerpo, tus ojos desorbitados con tanto placer... Sentí de nuevo lo que aquella noche nos unió. Tu respiración ahogada en mi cuello, tus ganas de acabar con el mundo en un instante. Recordé cada escalofrío, cada suspiro... Recordé cómo te estremecías, como suplicabas que no acabara nunca, o que acabara ya. 
Te recordé tal y como eres. Te recordé como te diste a conocer, con tus defectos y tus virtudes. Te recordé de tal manera que creí tenerte al lado, como aquella noche. Pero volví la vista hacia la ventana y no estabas tu, sino ella; luna llena, nuestra luna.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Mi gordi.

Nunca ha intentado entrar donde nadie le llamaba. Ni pretendía ser más importante que los demás. No quería destacar intencionadamente, pero lo hacía. Daba sentido a mi vida de una manera diferente. Relacionaba los problemas y me daba la solución de repente, casi sin darme cuenta. Aguantaba cada tontería como nadie. 
Realmente me está costando dar una definición precisa, porque ella no es así. Ella es indecisión y confianza, es pensar lo justo para sufrir lo mínimo, es despreocupación por fuera y desvelo por dentro, es llorar cada mañana y cada noche a solas, es pensar en los demás antes que en ella... Y estoy segura de que no puede esperarle nada malo ahí fuera, es técnicamente imposible. Pero si su futuro se tornara negro por alguna razón no justificada, yo estaré allí. Si tengo que cruzar el charco, lo cruzo; y si necesita la luna, se la bajo.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Me encanta que estés ahí.

Hoy retomo la historia. Historia que jamás podré reprocharte porque, casualmente, eres lo mejor de ella. Te juro que no me duele, que prefiero vivir así que vivir sin ti. Y que mientras me compense, no hay nada que hacer.