lunes, 21 de octubre de 2013

Renovando.

[...] La cuestión es que vives y, claro, ¿cómo no vas a equivocarte? No conozco a nadie que haya vivido sin equivocarse una vez, o dos, o mil. Al fin y al cabo en eso consiste esto, ¿no? O bueno, al menos en eso consiste para mi. No entiendo la vida sin dejarse llevar cuando el corazón te lo pide, y tampoco la entiendo sin parar cuando la cabeza te lo exige. Pero no me pidáis que elija entre cabeza y corazón, nadie puede hacerlo. Nadie puede saber qué será lo correcto, nadie puede decirte cómo te va a ir bien. 

Quién sabe, igual un día el guante izquierdo enamorado de la mano derecha, se ve correspondido. 

martes, 1 de octubre de 2013

Hay que leer despacio para saber de qué va esto.

Jamás soportaría llegar a los treinta y pararme a pensar qué cojones he hecho toda mi vida para no tener nada interesante que contarles en un futuro a mis nietos. No me lo perdonaría nunca. No podría vivir sabiendo que no he hecho nada lo suficientemente importante o interesante (al menos para mi) en treinta años de vida. Porque dan para mucho, para muchísimo. 

Dan para vivir deprisa, descansar y ver qué has dejado atrás, huir de todo y de todos como si no existiera mañana; dan para mandar a la mierda lo que todo el mundo llama "buena vida" y empezar a vivir la tuya propia, para comportarte como esperan y para romper todos los moldes; dan para saber quien siempre estará ahí para verte llorar y quien solo sirve para hacer un pésimo café por la mañana; dan para mudarte, por lo menos, cinco veces de ciudad, volver, ir, venir, quedarte...; dan para aprender de los demás y para desaprender lo que no interesa, para que te enseñen a dormir con la persiana bajada y para enseñar a despertar con la ventana abierta; dan para morirte un poquito cada día y revivir cada segundo que pasas con la gente que quieres; dan para cambiar de opinión, para equivocarse, para acertar lo justo y para intentarlo. Sobre todo dan para intentar todo lo que pretendas. 

Al fin y al cabo, aunque apenas nos demos cuenta, los años pasan rápido pero duran mucho, y ya habrá tiempo de pararse del todo cuando en realidad no podamos seguir. Mientras tanto, que nadie diga que no has intentado vivir. Y no hablo de vivir como quien dice que respiramos, no; hablo de vivir en el sentido más amplio posible de la palabra, hablo de vivir como cada uno quiera imaginárselo, como cada uno quiera sentirlo.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Todo a partes iguales, multiplicado por mil.

Lo que no deja de sorprenderme es cómo nos enganchamos a las personas que no nos demuestran nada. Suele pasar que aquellos que menos se preocupan por nosotros, son los que más atención reciben por nuestra parte. Y no lo entiendo. No lo voy a entender nunca. "Dar y recibir el doble", suena sencillo. Tu das algo, te dan el doble, devuelves el cuádruple y así sucesivamente. Y cuando digo sucesivamente no me refiero a que ese "algo" pueda devolverse pasados dos meses o dos años, no. Lo que quiero decir es que tiene que ser continuo, sin prisa pero sin pausa, dejándose llevar. 
No puedes pretender que alguien siga esperando cuando lo que deberías devolverle multiplicado por mil, ya ha caducado. Es más, si alguien tiene que esperar, por muy poco que sea, no te merece, no has estado a la altura de la situación. Puede haber más situaciones, sí, pero quizá las condiciones hayan cambiado, quizá te toque a ti empezar a dar, o quizá ya no puedas dar nada porque la otra persona ya no quiere nada de ti.

Es difícil hablar de dar y recibir cuando se trata de sentimientos. Es más difícil aun cuando se trata de medirlos, y más todavía si tenemos que adivinar qué es lo que esperan los demás de nosotros. Porque hablando claro, nadie le dice a ninguna persona qué espera de ella. Nadie mide lo que da para después medir lo que recibe, porque si lo hace así quizá nunca reciba nada. Quiero decir, que esto va de dar todo lo que sientas para recibir todo lo que sientan por ti. Y si para ti no es suficiente, no hay más que hablar.

viernes, 26 de julio de 2013

#sonmisamigas

En general, para entendernos, había que saber unas cuantas cosas. Había que saber que si pasabas por casa de A iban a caer, como mínimo, tres pitis. Había que tener en cuenta que si quedabas con C podías llegar diez minutos tarde sin ningún problema, y que no le gustaba escuchar dos veces la misma historia. También había que saber que los planes se hacían sobre la marcha, como si cada una supiera lo que estaban haciendo las demás en cada momento. Por supuesto, había que saber que, a pesar de todo, podíamos vernos a cualquier hora del día, cualquier día del año, avisando SOLO con cinco minutos de antelación. Había que saber que utilizábamos las nuevas tecnologías por comodidad, porque no cambiábamos un cara a cara por nada del mundo, que nos gustaban las cosas claras, sin rodeos, directas.
En lo malo, exactamente lo mismo: las cosas claras y el chocolate espeso. Las discusiones no solían durar más de lo que tarda en salir y volver a ponerse el sol, no podían durar más.

Pero para intentar entendernos del todo, cosa que dejo por imposible para cualquier persona ajena a nosotras, había que saber que los cafés podían alargarse indefinidamente si nos quitaban el reloj; que podíamos confiar para las cosas importantes y para las que apenas significaban nada; y que si hubiéramos tenido que elegir la consumición de cada una en una cafetería, habríamos acertado SIEMPRE.

domingo, 5 de mayo de 2013

Lo que a ti te falta por el tiempo que me sobra.

Nunca me había parado a pensarlo. Quizá porque nunca me había pasado. Nunca me había faltado la inspiración de una manera tan exagerada. Y cuando digo que me falta es que no queda absolutamente nada de ella, ni para bien ni para mal. Y, sintiéndolo mucho, esto solo puede significar una cosa: que no me aportas nada, ni para bien ni para mal.
Es una pena. Es muy triste que alguien esté tan encerrado en sí mismo como para no poder aportar nada a la gente que le rodea. Sé que siempre te culpo a ti de lo que me sale mal, pero esta vez... mira, esta vez estoy segura de que no tengo la culpa de que te falten cojones para ser quien te gustaría ser.

martes, 5 de marzo de 2013

Necesidad de todo y de nada, como siempre.

Yo pensaba que era imposible, que no había nada mejor, pero sí. Hay algo mejor que saber que ya no necesitas a esa persona. Y cuando digo necesitar me refiero a no poder vivir bien sin ella, a sentirte un poco más vacío si no está cerca. A lo que iba, si hay algo mejor que no necesitar a una persona, no puede ser otra cosa que necesitarla y sentir que también te necesita a ti. Si no es así, no le encuentro sentido a nada.

sábado, 5 de enero de 2013

Sentirse bien.

Lo que tiene que estar bien es encontrar tu sitio. Ya sabes, sentirte como en casa en todo momento, disfrutar. Llegar a un lugar del que no quieras salir jamás; en el que, por mucho que toques fondo, sientas que estás viviendo TU vida como TU quieres vivirla. Un puto espacio dentro de todo esto donde no tengas que justificar cada paso que des, donde tomar ciertas decisiones no te quite el sueño.
Creo que me estáis entendiendo, al fin y al cabo todos buscamos lo mismo, vivir a nuestra manera, sentirnos bien, respirar tranquilos.