Yo sabía que al final nos íbamos a reír de todo esto. No estoy segura de que esto sea el final, quizá nunca lo estuve... pero ¡fíjate! Qué mañana, querido, que palabras... que manera de abrir tu corazón. Me has dejado sin palabras a tu manera. Y yo no podía parar de reírme... no podía, te lo juro. Y tu te quedabas casi mudo, mirándome con esa cara de asombro, con esa media sonrisa tuya que lo dice todo. Me ha encantado, me ha encantado que me digas que estás cambiando a tu manera, poco a poco, sin pausa pero sin prisa... Y yo seguía sin poder parar de reírme... ¡y cómo me gritabas, cómo suplicabas que parara!, pero no podía, mi vida, no podía... Me ha resultado imposible dejar de sonreír cuando has dicho lo que llevaba años esperando oír, ¡ha sido increíble! Y tu que no querías soltarlo... que terco te pones a veces. En realidad te has quedado en la gloria cuando lo has dicho así, como quien te está pidiendo la hora, y a mi me ha llegado de pleno. "De tí". Así de simple.
Qué bonito es reconocer estas cosas, que bien sienta recordar el pasado sin que duela, sabiendo que no va a volver por mucho que hablemos de él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario