Los que me conocieron cuando escribía prácticamente a diario
saben que me gustan las cosas claras, y el chocolate más bien espeso. Deberían
saber también que me pierden por igual la cafeína y la nicotina (hay que saber
reconocerlo), que en verano duermo con la persiana subida y la ventana abierta
porque nadie me pegó otra manía distinta, y que los días de lluvia como hoy, a
cursi no me gana nadie.
Hay muchas otras cosas que he repetido por activa y por
pasiva, mil veces, y que no me cansaría de escribir nunca. Eso de “lo que no
hagas ahora no vas a poder hacerlo cuando ya no estés aquí”, el afán por
intentar conseguir lo que para cada uno merece realmente la pena, las ganas que
no pueden faltar jamás en cualquier cosa que hagas, las veces que me podría haber
muerto de amor y las muchísimas veces más que he sobrevivido, los “para
siempre” que he dicho desde dentro y a quien sé que, en efecto, será para
siempre, los insomnios, los despertares antes de normal…
Y todo para llegar al estado actual. Estado que no se
definir, ni quiero, ni me voy a esforzar en ello. Estado que podría ser un gris
que debe convertirse lo antes posible en blanco o en negro, pero que no puede
seguir siendo gris por mucho tiempo mas. Un todo o nada donde no existen medias
tintas. Una bifurcación de caminos. Un seguir hacia adelante o volver sobre mis
pasos. Un ahora o nunca. Un saltar al vacío sin saber lo que habrá en el fondo
o quedarse en tierra soportando lo que ya conozco.
Podría llamarlo EL estado. Porque aunque no os lo haya contado,
posiblemente haya aparecido en mi vida como ochocientas veces, exagerando un
poco. Y creo que el 90% de las veces que he tenido que elegir lo he hecho como
quería y no como debía. Cosa por la que no me culpo. Pero sentía la necesidad
de contar que esta vez no habrá negro, ni volveré sobre mis pasos, ni me
quedaré en tierra, sino todo lo contrario. Y aunque hable de mi, os podéis
aplicar el cuento. Podéis atreveros, saltar, elegir el blanco, salir de la
rutina que os pesa sobre la espalda y descubrir lo que espera fuera, aunque no
sea exactamente lo que debéis hacer. Y si no hay colchón al fondo del abismo,
la hostia será tan grande que os devolverá al principio para que sigáis
intentándolo, por eso no os preocupéis.
Pero volviendo al dilema entre deber y querer, lo único que
puedo decir es que SIEMPRE me decanto por el querer. Hasta que un día, como
puede ser hoy, te dan una alegría y coinciden. Y de repente sale el sol, el
arcoiris, nos trasladamos a la primavera, gana tu equipo favorito, te dan una
buena noticia y todas esas cosas que sacan una sonrisa casi sin querer. Y oye,
como que se ve la vida de otra forma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario