Sabes de sobra que nunca he tenido pelos en la lengua para decirte lo que siento, que me da absolutamente igual el día o la hora que sea. Si te lo tengo que soltar en estas fechas, te lo suelto, perdóname por eso. No suelo ser muy impulsiva, pero hay ocasiones que requieren todo el esfuerzo del mundo, hay veces que tienes que hacer todo lo posible para conseguir lo que quieres. Yo lo he hecho. He dado el 200%, pero.. ¿sabes qué? los sentimientos no se pueden inventar, eso está claro. Y cuando no están ahí, no hay nada que hacer.
Mi estado de ánimo nunca ha sido un problema y esta ocasión no será una excepción. Creo que estoy bien y sé que no me afectará más de lo debido. El tiempo y la distancia juegan a mi favor. Y tu también. Tu también estás de mi lado porque lo haces sencillo, intentas que el dolor sea mínimo. Tienes un don para quitarle peso a las cosas que yo hago complicadas.
No podía haber elegido una persona mejor para enamorarme, ¡eres estupendo! Por eso sé que no vas a soltarme, que seguirás ahí por muy tonta que me ponga, por mucho que me cueste verte del mismo modo que tu me ves a mi. Pero vamos a conseguirlo, yo nunca me rindo. Y cuando abro los ojos, los abro del todo. Cuando sé que tengo que parar, paro. Y este es el momento. Es el momento de volver a poner mi vida patas arriba para que tu puedas seguir en ella sin que duela lo más mínimo.
Como puedes comprobar, yo también soy un desastre. Suelo hacerlo todo al revés, y me doy cuenta tarde de lo que realmente ocurre. No sé si te lo he dicho alguna vez, pero me niego a que salgas completamente de mi vida. Me niego a borrarte del todo, y de hecho no lo haré. Me niego a que dentro de unos meses no podamos reirnos de todo esto mientras nos tomamos un café. Así que no te digo adiós, ni mucho menos. Te digo que nos veremos pronto, aquí o allí, eso es lo de menos; te digo que seguiremos compartiendo penas y alegrías y, sobre todo, te digo que nos reiremos como nunca al recordar cada momento.
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