No pretendo extenderme mucho esta noche, no considero que sea el momento para palabrería barata. La única intención de este escrito es advertir a aquellos que se den por aludidos de una cosa que considero imprescindible. Quizá sea la única que piense así pero, aunque así fuese, seguiría escribiéndolo aquí e incluso podría gritarlo si fuera preciso.
Lo que intento decir de una manera algo tímida es que jamás te pueden faltar las ganas. No hablo de ganas de comer o de salir a correr a las ocho de la tarde; hablo de ilusión, de fuerza interior. Hablo de que no puedas evitar sonreír cada vez que alguien te habla, de que llames a todo el que puedas para intentar contagiarle lo que llevas por dentro. Es algo que no se puede fingir, que si lo tienes se nota y si no lo tienes serás invisible a los ojos del resto. Es prácticamente indescriptible. Es una presión continua en el estómago que tienes que soltar de alguna manera, pero que no sabes como. Es la inquietud constante, no poder parar ni un segundo porque necesitas salir ahí fuera.
Lo mejor de esto es que si tienes las ganas, todo lo demás dejará de importar; puedes acabar con el mundo en una sola noche.
No hay comentarios:
Publicar un comentario