Hace tiempo que no escribo para ti, cariño. Hace tiempo que te dejé olvidado en un rincón para intentar seguir adelante sin ti. Hace tiempo que ya no estás aquí. Y ayer, no sé bien por qué, te recordé. Recordé que el día que nos conocimos también había luna llena. Recordé cómo la noche te volvía loco, cómo le cantabas a las estrellas que, por favor, al día siguiente no saliera el sol. Recordé tus manos sobre mi cuerpo, tus ojos desorbitados con tanto placer... Sentí de nuevo lo que aquella noche nos unió. Tu respiración ahogada en mi cuello, tus ganas de acabar con el mundo en un instante. Recordé cada escalofrío, cada suspiro... Recordé cómo te estremecías, como suplicabas que no acabara nunca, o que acabara ya.
Te recordé tal y como eres. Te recordé como te diste a conocer, con tus defectos y tus virtudes. Te recordé de tal manera que creí tenerte al lado, como aquella noche. Pero volví la vista hacia la ventana y no estabas tu, sino ella; luna llena, nuestra luna.
No hay comentarios:
Publicar un comentario